Túnez: crimen contra un pueblo de paz

Túnez: crimen contra un pueblo de paz

El crimen cometido contra los tunecinos, en el que quince personas fueron asesinadas en un autobús, es una muestra más del fanatismo del llamado "Estado Islámico", que no es ni lo uno ni lo otro y cuyo único objetivo es sembrar la muerte, el miedo, la destrucción y la esclavitud allí donde pueden.
Muchos grupos de personas, desde los ciudadanos norteamericanos hasta nosotros, los masones en nuestras logias, usamos el gesto de llevarnos la mano al corazón para mostrar afecto o respeto: se llama “signo de fidelidad”. En muchos países musulmanes, cuando alguien te estrecha la mano se la lleva luego al pecho: eso significa “te llevo en mi corazón”.
Los militares de la imagen saludan así, con el signo de fidelidad, a los ciudadanos asesinados en Túnez por una bomba que mató a quince personas. Una bomba puesta en un autobús por un asesino que, además, se asesinó a sí mismo. Es la muerte por la muerte, la muerte sin razón, la muerte indiscriminada, la muerte hija de los tres peores males del alma humana: el fanatismo, la ignorancia y la ambición. Lo mismo que en París. Lo mismo que en Kenia, que en Palestina, que en Siria o Iraq.
Túnez es uno de los lugares más hermosos del mundo y sus gentes son un ejemplo de bondad, de amabilidad y de tolerancia. Quien haya estado allí lo sabe. Nadie se siente extranjero en Túnez, porque los tunecinos no lo consienten. El país tiene agricultura, minería, algo de petróleo y algunas empresas, pero su mayor tesoro es el turismo: los tunecinos enseñan a los visitantes sus maravillosos monumentos antiguos (las ruinas de la poderosa Cartago, por ejemplo) y lo hacen orgullosos, como quien muestra a un amigo una herencia colectiva muy cuidada y bien conservada. Si en Túnez se ataca al turismo, se condena a la pobreza y a la desesperación a diez millones de personas.
Eso es lo que pretende el mal llamado “Estado Islámico”: llevar no la prosperidad, sino la pobreza y el miedo a todas partes. No la dignidad y la libertad a las personas, sino la esclavitud y la tiranía. No la bondad, sino la crueldad. No la vida, sino la muerte. Y lo hacen “en nombre de Dios”. Eso es una blasfemia, porque Dios, a quien los musulmanes llaman compasivo y misericordioso, no necesita del asesinato de inocentes para mostrar su poder ni su grandeza. Dios no manda asesinar a nadie. Son los hombres fanáticos, ignorantes y ambiciosos, los hombres que falsamente dicen hablar en nombre de Dios, quienes siembran la muerte invocando a ese Dios al que en realidad escupen con sus crímenes.
Los masones españoles (y los de todo el mundo) lloramos hace unas semanas por las víctimas de París. Lloramos también por los muertos en Siria, en Iraq, en Kenia; por los refugiados que huyen de la muerte y se encuentran con la hostilidad de algunos europeos; por los niños que se ahogan en el Mediterráneo mientras tratan de huir de los criminales del “Estado Islámico”, que no es Estado ni es islámico.
Los masones, que reunimos en nuestras logias a hombres y mujeres de todas las creencias (o a quienes no tienen ninguna) para buscar la paz y el respeto entre todos, lloramos hoy por las víctimas y por el pueblo de Túnez, el país de la bondad, de la amabilidad y de la paz. Y nos ponemos los guantes blancos y nos llevamos la mano al corazón, como los militares de la imagen, para decir a los tunecinos que, como ellos, nosotros trabajamos por un mundo en el que reinen la justicia, la paz, la tolerancia, la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Y que les llevamos en nuestro corazón.
Alá os proteja,
الله يحميك
Written on 26 Noviembre 2015