La Tragedia de las Niñas Esclavas

La Tragedia de las Niñas Esclavas

En el reino de Nepal, al pie del Himalaya, una familia (por lo general de la etnia tharu, considerada inferior) tiene demasiados hijos y pasa apuros, o bien necesita dinero para cualquier cosa: un viaje, una operación, una casa nueva.

La solución es sencilla. Se elige a una de las hijas pequeñas (nunca chicos: siempre son niñas) y se la vende a otra familia más rica por un precio que ronda las 2.500 rupias nepalíes: unos 20 euros.
Esa niña, muchas veces de cinco o seis años de edad, pasa a ser “kamlari”; esto es, esclava. Se ocupará de la limpieza de la casa, buscar agua, transportar bultos, sembrar y segar: lo que le manden. No tendrá educación de ninguna clase. Recibirá todos los palos que sus amos crean que merece y será tratada, en fin, como un animal. Cuando le llegue la edad, estará a disposición de los desahogos de los varones de la casa. Así, en muchos casos, durante años y años.

No se trata de una “tradición ancestral”, perversa excusa para miles de atrocidades en el mundo. Eso empezó a suceder hace nada más que unos sesenta años. El Gobierno de Nepal, presionado por numerosas ONG y avergonzado por los testimonios de muchas esclavas que habían logrado huir, prohibió la iniquidad legal de las “kamlari” hace nada más que dos años. No sirvió de nada. Quienes compran niñas para convertirlas en esclavas son los poderosos del país, políticos, policías y miembros del Gobierno, según dicen las que han logrado escapar. Las “kamlari” siguen existiendo.

Los masones, incluidos los del Nepal, nos sentimos abochornados por esta esclavitud moderna y este sistema degradante que niega a estos seres humanos todo a la vez: la libertad, la igualdad de derechos y el comportamiento fraternal que toda persona merece, sobre todo en la infancia. Los masones de la Logia Renacimiento escribimos estas líneas con un solo objetivo: que nadie que las lea mire para otro lado, como si no fuera con él. Porque nos atañe a todos. Y a todas. Cuando nos resulta indiferente que se conculquen la libertad o la dignidad de una persona, por lejana que esté, es nuestra propia libertad la que ponemos en peligro y nuestra propia dignidad la que se empequeñece.
Written on 03 Noviembre 2015